Drogas y personas fallecidas en accidentes de tráfico: una reflexión sobre las memorias del Instituto Nacional de Toxicología

El Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses (en adelante, INTCF) publica todos los años su memoria anual en la que presenta los datos relativos a las autopsias realizadas a personas fallecidas en accidentes de tráfico. No cabe duda de que se trata de un valioso informe que nos permite acercarnos al impacto que el consumo de drogas tiene en un área tan importante como el de la Seguridad Vial. Y cada año también, los medios de comunicación se hace eco de sus resultados, con mayor o menor fortuna. En esta entrada voy a presentar algunos de los resultados ofrecidos por las memorias en los últimos 10 años y me arriesgaré a presentar algunas ideas sobre los mismos que raramente (o quizá nunca) aparecen en los medios o en otras publicaciones.

Los datos que presentaré a continuación se refieren exclusivamente a personas conductoras. Las memorias también presentan los datos de peatones y acompañantes pero, dado que su contribución al accidente por haber consumido alguna sustancia no parece muy relevante, solo me centraré en los resultados para quienes estaban al volante en el momento del accidente.

Entre 2009 y 2018, el INTCF ha realizado un total de 6.679 autopsias a personas conductoras, aunque el número anual parece haber ido descendiendo con el paso de los años, desde las 923 realizadas en 2009 a las 535 en 2018, el número más bajo de toda la serie histórica. Como puede observarse, en su mayor parte se trata de hombres representando todos los años el 90% de los casos recibidos en el INTCF.

La ratio de casos positivos (es decir, el porcentaje de casos en los que se detecta la presencia de drogas ilegales, psicofármacos y/o una concentración de alcohol igual o superior a 0,3 gramos por litro de sangre con respecto al número total de casos analizados) ha permanecido relativamente estable en todo el periodo. Sin embargo, cuando desagregamos estos datos por sexo, se observa que la ratio ha sido siempre más alta para los hombres que para las mujeres (el dato no está disponible para 2009).

En términos de sustancias, el INTCF realiza la siguiente agrupación: alcohol (ALC), otras drogas (DRO) y psicofármacos (PSI). Los datos indican que la presencia en solitario de alcohol en 2018 ha sido la más baja de todo el periodo, representando un descenso en 8,5 puntos desde el máximo de 2012. Con todo, el porcentaje de casos en los que solo se detecta alcohol es, con diferencia, el más grande lo que avala la importancia de esta sustancia como factor causal de los accidentes, aspecto al que volveremos más adelante.

Por otra parte, la presencia del alcohol, bien solo bien en combinación con otras drogas y/o psicofármacos, ha mostrado una tendencia descendiente a lo largo de los años, con una presencia más alta en 2012 (35,1%) y más baja en en 2014 (26,2%). Por su parte, la presencia de otras drogas sí que ha mostrado una tendencia ascendente: mientras que en 2009 solo se detectaron en el 12,3% de los casos, en 2018 ese porcentaje ascendió al 19,1%. Finalmente, la presencia de psicofármacos también ha mostrado una tendencia ascendente, aunque menos acusada que en el caso de otras drogas.

Bien. Hasta aquí he presentado los datos aportados en las memorias anuales, los cuales han sido extensivamente presentados en los medios de comunicación, aunque no siempre de la manera más correcta. De hecho, como desgraciadamente suele ser habitual a la hora de informar de asuntos relacionados con las drogas, este tema tampoco escapa al sensacionalismo.

De los ejemplos que aquí he traído, el titular en El Español (“El 94% de los fallecidos en accidentes de tráfico que dan positivo son hombres: los datos de la DGT”) es especialmente interesante ya que no tiene en cuenta que, aunque la mayoría de los positivos son hombres, no todos los hombres a quienes se les realizó la autopsia dieron positivo. Como vimos, en 2018 fue el 45,3%. Pero, dejando de lado este y los demás titulares, en general la mayoría de medios de comunicación no parecen ser conscientes de algunas de las limitaciones que los datos tienen a la hora de poder explicar los accidentes de tráfico. En primer lugar, a partir de un resultado positivo a drogas distintas al alcohol, psicofármacos incluidos, es imposible saber si la persona se encontraba bajo los efectos en el momento del accidente. Mientras que para el caso del alcohol un resultado positivo es aquel en el que se encuentra una concentración de alcohol en sangre igual o superior a 0,30 gramos por litro de sangre, esto no es así para el resto de sustancias, para las cuales se trata solo de “un positivo”. En el caso del alcohol, las memorias ofrecen las alcoholemias de las personas fallecidas, lo que sí permite aventurar que el alcohol algo tuvo que ver en el accidente dada la alta proporción de alcoholemias altas.

Sin embargo, esta información no se presenta para el caso de otras drogas o psicofármacos. Así, para el caso del alcohol no podrá decirse (como sí se dice para el caso de otras drogas) que estas personas condujeron tras haber bebido sino que se podrá argumentar que una elevada proporción de ellas tenían en sangre una cantidad elevada de alcohol; de hecho, tan elevada que es lógico pensar que sus capacidades para conducir se encontraban realmente mermadas. Quizá a la base de ello se encuentre la idea de que cualquier cantidad de droga en el organismo es capaz de deteriorar dichas capacidades, lo que, además, sirve de justificación para la realización de controles de drogas en carretera. Sin embargo, bien podría ocurrir que, en algunos casos, tan solo estuvieran presentes trazas de sustancias por lo que atribuir la causalidad del accidente y, por tanto, del fallecimiento al consumo no tendría mucho sentido.

Otro aspecto importante a tener en cuenta es que parece asumirse que todas las personas fallecidas que dieron positivo fueron las causantes del fatal accidente. No se tiene en cuenta que es posible que haya casos en los que dichas personas fueran realmente víctimas de un accidente causado por otra persona (que podría o no dar positivo a alcohol, drogas y/o psicofármacos en la autopsia). El informe no desagrega los casos en función de esta variable por lo que es imposible conocer si el consumo de drogas tuvo algún tipo de responsabilidad en el accidente.

Y, por último, existe una cuestión relativa a la representatividad de los hallazgos que publica el INTCF. Aunque el número de casos analizados cada año es ciertamente elevado, eso no quiere decir necesariamente que lo encontrado en las autopsias pueda generalizarse, como sí hacen muchos medios de comunicación, al total de personas fallecidas cada año. Desde el año 2009 hasta el año 2017 (para 2018 no se incluye dado que, en el momento de escribir esta entrada, los datos definitivos aún no están publicados) el porcentaje de casos analizados en el INTCF en relación al número total de personas conductoras fallecidas en accidente de tráfico oscila entre el 52,9% de 2012 y el 60,9% de 2015. Aunque se trata de un porcentaje alto, se trata de los casos que han sido remitidos al INTCF sin que se tengan datos de las razones por las que los casos restantes no lo fueron. Para que pudiéramos generalizar los resultados al total de personas conductoras fallecidas hubiera sido necesario que, o bien se analizaran todos los casos, o bien se realizara una asignación aleatoria a las autopsias. Sin embargo, en ninguno de los informes se presentan las razones por las que esos casos no fueron analizados.

Y eso es muy importante porque si asumimos que hay casos que no se envían al INTCF porque no se encuentran razones que hagan sospechar de que la persona podía haber tomado alguna sustancia, eso significaría que esos casos se podrían entender como negativos. Así, si volvemos a realizar los cálculos tomando como referencia el número total de personas conductoras fallecidas en cada año y no el número total de casos analizados en el INTCF, los datos cambian:

No cabe duda de que los datos aún siguen siendo preocupantes. Que en torno a una cuarta parte de los personas conductoras de un vehículo fallecidas en accidente den positivo a cualquier sustancia sigue siendo un hecho sobre el que hay que trabajar y aportar soluciones eficaces. Las pruebas aleatorias de alcoholemia han realizado una importante contribución pero las pruebas de drogas en carretera deben mejorarse para poder detectar a aquellas personas que conducen estando bajo los efectos y no simplemente a aquellas que tienen droga en su organismo. En esta entrada ya hablé sobre el tema.

No quiero menospreciar el impacto que tiene el consumo de drogas en la Seguridad Vial. Con esta entrada tan solo quiero hacer una llamada a la prudencia a la hora de interpretar los datos de estas memorias. Si, en realidad, se estuviera sobredimensionando el problema no solo estaríamos partiendo de un diagnóstico equivocado sino que ello también haría más difícil poder valorar los progresos ya que, por ejemplo, no es lo mismo partir de un 40% de positivos que de un 20%.

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