Hoy la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) de Naciones Unidas ha hecho público su Informe 2016. En España, por lo que he podido ver, los medios de comunicación se han interesado más por la oposición de la JIFE a las asociaciones cannábicas. Yo, por mi parte, me he entretenido en mirar lo que dice dicho informe sobre las novedades ocurridas en Europa en materia de drogas en los últimos años, y sobre esto va esta entrada.

Para empezar, podríamos decir que las novedades en Europa no son como para tirar cohetes, al menos en lo que a consumo se refiere. Según la JIFE, los mercados de drogas ilícitas siguen siendo una de las principales amenazas para la seguridad de los países europeos: generan alrededor de una quinta parte del producto de la delincuencia mundial; en ellos, los ciudadanos europeos se gastan entre 21 y 31 mil millones de euros cada año; y la globalización y los avances tecnológicos les ayudan a crecer.

En cuanto al consumo de drogas, 27 millones de adultos europeos han consumido cannabis en el último año y el uso de estimulantes anfetamínicos en su conjunto (anfetamina, metanfetamina y MDMA) ya supera al de la cocaína. De especial preocupación es la puesta en circulación de éxtasis de gran potencia y el creciente consumo de metanfetamina y de opiáceos sintéticos, muestra de que a estos mercados le importan bien poco los tratados internacionales de fiscalización. Bueno, en lo del poco respeto a tratados, tampoco se diferencian de algunos mercados legales.

En cuanto a las novedades en legislación, políticas y medidas, el informe menciona el informe de progreso de la Estrategia de la Unión Europea en materia de Lucha contra la Droga y el Plan de Acción de la UE correspondiente o las nuevas estrategias de fiscalización elaboradas por distintos países. Dedica dos párrafos a comentar las novedades en Rusia y tres más para hablar de las salas de consumo supervisado. Dejando de lado la diversidad terminológica empleada por la JIFE (“centros de consumo de drogas”, “salas de inyección de drogas” y “salas de consumo de drogas”), vuelve a ser reticente a hablar claramente de “reducción de daños” y, como ya había hecho con anterioridad, desea “reiterar su preocupación, frecuentemente expresada, de que, para que el funcionamiento de estas instalaciones sea compatible con los tratados de fiscalización internacional de drogas, deben cumplirse determinadas condiciones” (párrafo 720). ¿A qué se refiere? ¿Cuál es el objeto de su preocupación? ¿Hay salas buenas y malas? ¿Ha detectado algo en ellas que sea preocupante para la JIFE? En su lugar, ¿no hubiera merecido más la pena hablar de la terrible situación de las personas consumidoras en Rusia? Por ejemplo, de la terrible expansión del VIH o de la negativa del Gobierno a implementar estrategias sobradamente reconocidas como son los programas de intercambio de jeringuillas o los tratamientos sustitutivos con metadona.

Si el Informe de la JIFE fuera un informe de resultados de la aplicación de los tratados, habría que despedirla del negocio. El tráfico de cannabis “se mantiene en niveles importantes en Europa oriental y sudoriental” con las particularidades de que ha aumentado el cultivo local de marihuana (que ha llegado ha sustituir parcialmente a la resina importada), ha aumentado la potencia tanto de la hierba como de la resina y los precios “han aumentado sólo ligeramente”. La heroína sigue llegando a Europa desde Afganistán a través de la ruta de los Balcanes, atravesando países como la Respública Islámica del Irán, la República Árabe Siria o Pakistán. La misma JIFE se preocupa por “un posible resurgimiento del consumo de heroína en la Unión Europea, tras más de un decenio de disminución de la demanda de la droga”. Un éxito rotundo, sí señor.

El mercado de la cocaína tampoco le debe dar muchas alegrías a la JIFE, quien reconoce que “se ha mantenido bastante estable en los últimos años, aunque hay indicios de que la droga se consigue cada vez más fácilmente”. El tráfico en contenedores marítimos dificulta mucho su detección y genera muchos problemas como, por ejemplo, la corrupción en el personal laboral de los Puertos o de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, y el resultado es que la cocaína sigue llegando y, según apuntan algunos informes (por ejemplo, EMCDDA, 2016, página 110), con una mayor pureza.

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En cuanto al mercado de “productos locales” (esto es, producidos en Europa) el panorama no es mejor en términos de resultados para los tratados. Aunque la JIFE parece celebrar que las incautciones de APAAN (“sucedáneo que puede utilizarse en los laboratorios que fabrican ilícitamente anfetamina y metanfetamina) hayan disminuido considerablemente, también declara mostrarse inquieta por “la incautación de grandes cantidades de productos químicos no sometidos a fiscalización”. Así las cosas, Europa no sólo sigue siendo el principal productor de MDMA y speed, sino que se han hallado indicios de que también se está produciendo metanfetamina en nuestro viejo continente, especialmente en los Países Bajos. Y, para completar la estampa, se cita expresamente que “no hay indicios de una desaceleración del desarrollo de nuevas sustancias psicoactivas”: sólo en 2014 se incautaron en Europa nada más y nada menos que cuatro toneladas de NPS.

Es ampliamente sabido que las NPS que circulan por Europa proceden de China. China, quizá deseosa de agradar a la JIFE, prohibió a finales de 2015 un total de 115 nuevas sustancias (en su momento publiqué esta entrada en el blog). El párrafo que se le dedica a este hecho en el informe es el siguiente:

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Si lo analizamos con detenimiento, nos asaltan algunos interrogantes. Si la prohibición en un país desplaza la producción de estas drogas a otros países, ¿es eso un éxito de los tratados de fiscalización? Antes de ella no teníamos en Europa laboratorios que las produjeran. Ahora sí. ¿Quién ha ganado? ¿China porque así se acerca a su objetivo de no ser el principal laboratorio de NPS para el mundo? ¿Los consumidores?.

Para ir terminando, no puedo dejar pasar la ocasión de reproducir aquí este párrafo:

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Si, como dije más arriba, este informe anual de la JIFE fuera un informe de los resultados de la aplicación de los tratados internacionales de fiscalización de las drogas ¿qué deberíamos hacer con los tratados internacionales?  No parece que estén logrando algunos de los objetivos que persiguen. Y esto lo lleva haciendo ya demasiado tiempo. Es hora de cambiar.

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